El origen psicológico de la contabilidad es de muy sencillo
planteamiento. El hombre, como homo
faber es un agente productor y constante transformador de la
naturaleza, necesita cambiar. Este cambio, en un principio elemental y
espontáneo se va haciendo cada vez más complejo, rebasando su capacidad
memorística y obligándose a tomar nota o registro de su actividad. A
la contabilidad rudimentaria, del más precario carácter, sucede una
contabilidad también toscamente empírica, pero más compleja.
A fin de decidir que líneas de actuación son más
convenientes para lograr el objetivo anterior, los hombres deben de tener
conocimiento del entorno económico en el que se hallan inmersos, de las
expectativas que puede presentar el futuro y de lo que sucedió ayer, puesto que
se aprende de las experiencias pasadas.


